Este artículo señala la tendencia a ignorar contextos sociales específicos durante el desarrollo y la implementación de la IA, y se basa en el concepto de integridad contextual de Helen Nissenbaum para demostrar cómo esta negligencia puede generar problemas éticos. En concreto, argumenta que los esfuerzos por promover una IA responsable pueden, paradójicamente, justificar la inobservancia de las normas contextuales existentes, criticando el fenómeno de que la ética de la IA se considere un nuevo ámbito ético. En cambio, aboga por un enfoque más conservador que integre responsablemente la IA en los contextos sociales y las estructuras normativas existentes, argumentando que la preservación de la ética existente debe priorizarse sobre la innovación en la ética de la IA. Este argumento también se aplica a los modelos de base recientemente surgidos.