Este principio desempeña un papel clave en la mejora de la experiencia del usuario. Si se ofrecen demasiadas opciones, los usuarios pueden tardar más tiempo en decidir debido a la carga que supone elegir, o incluso podrían no actuar. Por eso, los diseñadores y planificadores deben optimizar tanto el número como la complejidad de las opciones al diseñar la interfaz (UI) o la experiencia de usuario (UX). Así, los usuarios pueden realizar sus tareas deseadas más rápidamente y disfrutar de una experiencia mejor.