El siguiente paso es iniciar una investigación interna. Esta debe realizarse con profesionalismo, respeto a los derechos de los empleados y, de ser necesario, con apoyo de expertos externos. El objetivo no es señalar culpables de inmediato, sino entender cómo ocurrió la filtración, qué falló y qué medidas deben corregirse para evitar que vuelva a suceder.